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Liliana Patrícia P. Barriga

Divulgo mi trabajo,
soy expositora, hago
eventos y ya he conseguido
muchos clientes.

Preocupada con su seguridad y la de su familia, Liliana migró para Brasil hace tres años. Hoy en día, vendiendo sus arepas colombianas en São Paulo, vive esperanzada y en paz

Mi familia y yo teníamos un establecimiento de comida en Colombia. Allí vendíamos hamburguesas, perros calientes, arepas y otros platos diferentes. Sin embargo, las cosas empezaron a ponerse muy violentas y decidimos migrar en busca de trabajo y nuevas oportunidades. Mi primo había vivido un tiempo en Brasil y nos dijo que nos viniéramos aquí. Estoy en São Paulo desde hace ya tres años. Vivo aquí con mi marido, Cesar, de 36 años, y mis dos hijos, Sebastián, de 22, y Santiago, de 15.

Al llegar a este nuevo lugar, el primer desafío fue el de superar el idioma. Yo misma no sabía decir nada en portugués, aunque, con el tiempo, eso fue más fácil. Como ya trabajaba con gastronomía, mi marido y yo continuamos en el área vendiendo nuestras arepas, una comida típica de Colombia, hecha con panecillos de maíz, sin gluten y sin lactosa. Todo muy natural. Comenzamos alquilando un vehículo, aunque desde enero del 2017, conseguimos fijarnos como expositores, en el Almacén de la Ciudad, en Vila Madalena. Hoy en día, gracias a Dios, ya he conseguido divulgar mi trabajo. Estamos en la feria de jueves a domingo, hago eventos y ya he conseguido muchos clientes.

Durante la venta, intento mostrar al brasileño qué es esa comida, como se monta y la cultura que hay por detrás del plato. Estar en una metrópolis como esta también nos ayuda a evolucionar, pues la gastronomía es un área con mucha competencia, algo que hace que procures mejorar siempre más. En Colombia, no ponemos ni aceitunas ni setas a las arepas, pero eso es agradable para el paladar de los clientes brasileños, por lo que fui cambiando algunas cosas. No hay problema, porque, al fin y el cabo, la arepa es el panecillo y eso no cambia ni la receta original ni sus características tradicionales: se rellena con algo que te guste. Creo que eso es muy interesante.

No tengo intención de volver a Colombia. Salí de allí muy asustada, muy nerviosa, preocupada con la seguridad de mis hijos y también con la nuestra. Entonces, esa no es mi intención por el momento. Brasil nos abrió las puertas a mi familia y a mí. Mi hijo mayor trabaja, el pequeño está en la escuela, y su adaptación fue muy tranquila. Estamos bien: tenemos un techo, tenemos comida. Llegamos para trabajar, para sumar, y a mí me está gustando mucho, porque los brasileños, en su mayoría, nos han acogido muy bien.

Fotografía: Archivo Personal
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